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Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

Hay acuerdos que son tan buenos que resultan ser, al fin y al cabo, una farsa. Abundan esos casos en nuestro país. Pero eso no importa para las partes involucradas, ya que las consideraciones son más que todo políticas.Ese es el caso de la reducción gradual del 1.5% al ISR de principios de año, acuerdo entre el gobierno y la cúpula empresarial que implicó una reducción de ingresos tributarios para el Estado a cambio de un aumento masivo del empleo según los cálculos de las partes.

En su afán de aumentar el presupuesto, los últimos gobiernos han incrementado sustancialmente la recaudación tributaria. Lo han hecho con tan buen resultado como ningún gobierno anterior. En efecto han logrado duplicar los ingresos del gobierno por impuestos. Esto se ha hecho, pese a la oposición de algunos sectores de la empresa privada que se han quejado del impacto que tiene sobre sus negocios las obligaciones tributarias adicionales y lo agresivo que han sido los operativos de la SAR en busca de evasores. El llevado y traído 1.5% al ISR, llevó a insistentes peticiones de la cúpula empresarial de eliminarlo. Pero ese descontento de algunos quedó neutralizado, ya que otros sectores importantes de la misma empresa privada han logrado seguir teniendo grandes beneficios en particular con las exoneraciones fiscales que se han mantenido intocables.

Después de varios años, el gobierno aceptó y decretó una disminución por etapas. Fue un acuerdo político en el que el gobierno nacionalista, buscando oxígeno y reconocimiento en el país después de las últimas elecciones, cedió parcialmente a las demandas por su eliminación. Había consideraciones políticas importantes y había que tomarlas en cuenta. Las relaciones podrían complicarse con un aliado que resulta muy importante a la hora de las crisis. Así que había que demostrar que se estaban sacrificando recursos que faltarían en el presupuesto público a cambio de paz y mucho empleo.

Fue un arreglo que se pegó con saliva. A cambio de tranquilizar los ánimos de la cúpula empresarial mediante la reducción gradual del 1.5%, el gobierno pidió una promesa a cambio. La cúpula prometió que la rebaja tendría efectos benéficos para la economía y que la reducción se traduciría en nuevos empleos. Según los cálculos de la cúpula del COHEP serían 50,000 empleos los que se generarían inmediatamente. Pero ambos se engañaron. Ambas partes saben que la disminución gradual del 1.5% del ISR no es suficiente para mantenerse con la boca callada, ni mucho menos suficiente para que de repente se creen 50,000 empleos.

Esa idea que circula entre las cúpulas sobre la creación de empleos no es cierta. La creación de empleos es el resultado de varias consideraciones y no se agota en un automático incremento del mismo, con solamente bajar un impuesto. Todo empresario inteligente, del tamaño que sea, sabe que para arriesgar capital e invertir es necesario que se junten diferentes factores. Se invierte y se crea empleo masivo en situaciones con expectativas a futuro claras y positivas. En ambientes complicados política y socialmente, como el nuestro, los indicadores claves tienden a empeorar y las rebajas a los impuestos para las empresas no conducen a la inversión, sino más bien al ahorro en dólares o a sacar el dinero del país. De nada sirve una rebaja a los impuestos, sino hay seguridad ciudadana, tribunales justos, respecto a la ley, honestidad en el uso de los recursos públicos y sobre todo un mercado dinámico a nivel nacional e internacional dispuesto a demandar y consumir lo producido. Ahora JOH finge sorpresa y pregunta por los miles de puestos de trabajo que bajo las actuales circunstancias serán imposible de crear.

delgadoelvir@yahoo.com

NOTA: La opinión que refleja esta columna es única y exclusiva del autor, no del Colegio Hondureño de Economistas

véase en:

http://www.latribuna.hn/2018/09/13/la-promesa-de-mas-empleo-con-menos-impuestos/

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